El poder de los migrantes

En las últimas semanas, la presencia pacífica, resuelta, creciente, demandante, impactante de cientos de miles de inmigrantes (con o sin documentos) y de grupos que los apoyan en las calles y las plazas de más de 100 grandes y pequeñas ciudades, han conmocionado a la opinión pública de Estados Unidos y México.

Nunca antes cientos de miles de inmigrantes –predominantemente latinos, pero de muchas otras nacionalidades– salieron a las calles, dejaron de ser invisibles, para protestar por injusticias y luchar por sus derechos:

Hicieron sentir su fuerza política: “Hoy marchamos; mañana votamos”, coreaban. “No somos criminales, somos trabajadores.” La demanda es unívoca: trato justo, legalización, no criminalización de los indocumentados.

Se trata de cerca de 12 millones de indocumentados, pero con trabajo –6.7
millones mexicanos, el 78 por ciento es latino, por lo que en las concentraciones se habla español

Las gigantescas marchas en Chicago, Los Angeles, Nueva York, Phoenix, Dallas, Atlanta, Washington… (y las otras marchas en ciudades medianas y pequeñas de la Unión Americana), han movilizado a un “impresionante número de gente a lo largo del país”, señala el editorial de The New York Times, tras las jornadas del pasado domingo 9 y lunes 10 de abril en el “día nacional de acción por los derechos de los inmigrantes”.

En Estados Unidos ha aparecido un movimiento social nunca visto, que en unas cuantas semanas ha mostrado una gran fuerza y que, sin duda, genera polémica y va ganando espacios en la opinión pública para revalorar las contribuciones múltiples que realizan los inmigrantes.

Muchos estadunidenses pueden identificarse con demandas de inmigrantes, al
provieir de familias que hace años llegaron en busca de oportunidades. Al fin y al cabo, Estados Unidos sigue siendo un país de inmigrantes.

La sociedad estadunidense está dividida y confundida respecto de las políticas migratorias. Encuestas recientes muestran contradicciones evidentes al mismo tiempo que percepciones favorables de los inmigrantes. En un sondeo de Gallup-USA Today, la mayoría opina que debe ser considerado un crimen inmigrar ilegalmente a Estados Unidos, mientras que cerca de dos tercios considera que el gobierno debe permitir a los inmigrantes “ilegales” permanecer y convertirse en ciudadanos estadunidenses.

Menos de uno de cada cinco americanos (-20%) creen que los “ilegales” debieran ser deportados.

En otra encuesta de CBS News, el 74% opina que los indocumentados deben permanecer en Estados Unidos si cumplen ciertas condiciones, mientras sólo
el 23% se opone. En encuestas anteriores, la mayoría coincide en que los indocumentados trabajan duro y respetan las leyes. La inmigración se ha convertido en un tema muy importante para la opinión pública estadounidense, según una encuesta de AP-Ipsos difundida por CNN.

El movimiento de los migrantes que se salen a las calles vestidos de blanco, con banderas estadunidenses y con cada vez menos banderas de muchos otros países, es inédito. Se compone de infinidad de organizaciones, clubes de migrantes, párrocos, iglesias y obispos; radios comunitarias y periódicos en español; organizaciones sindicales y pequeños empresarios. Decenas de miles de jóvenes se comunican por celulares y utilizan el internet para organizarse y para pedir un trato justo.

Entre los que se oponen a la regularización migratoria se cuenta un poderoso grupo de legisladores, la mayoría republicano, con
71 miembros que plantean que primero es necesario controlar la frontera y garantizar su seguridad y que se oponen a cualquier regularización o programa social que llaman amnistía.

Los acompañan grupos xenófobos y antimigrantes de todo tipo, ambientalistas, instituciones académicas. Del otro lado, hay sindicatos como la poderosa federación AFL-CIO, empresarios y cámaras, como la American Chamber, grupos defensores de los derechos civiles, académicos, centros de investigación, iglesias, organizaciones no gubernamentales.

Es previsible que, en los próximos días, aparezca una contraofensiva de los grupos xenófobos y antimigrantes que radicalizarán su discurso y su acción.

En los próximos días, tras el receso de Pascua, se verá si los cientos de miles de inmigrantes que se volcaron a las calles de un centenar de ciudades en más de 30 estados y que preparan un paro el
próximo l de Mayo, logran que el Senado apruebe una legislación que permita una vía para la regularización migratoria de casi 12 millones de indocumentados que viven y trabajan en Estados Unidos.

Publicado en: Revista Proceso


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